Jessica Weyreuter: la tenista profesional de Montecarlo que fundó una fundación en Estados Unidos para incluir a personas con discapacidad a través del deporte
Montecarlo tiene raíces que se extienden por todo el mundo. Jessica Weyreuter, ex tenista profesional y hoy fundadora de una organización sin fines de lucro en Estados Unidos, es un ejemplo de ello. Lo que comenzó como un campamento de verano para cinco chicos con discapacidad se convirtió en una fundación que hoy opera en seis ciudades, cuenta con más de 500 participantes y más de 1.000 voluntarios. En una charla emotiva y profunda, Jessica compartió su historia, su fe y el motor que la impulsa a seguir adelante.
De Montecarlo al mundo: una carrera entre raquetas y estudios
«Jugué tenis profesional en Argentina. Después de graduarme del secundario, en el 2001, comencé a jugar torneos en todo el mundo. Tuve la posibilidad de ir a más de 25 países. Después de siete años, decidí dejar de jugar e ir a estudiar a Estados Unidos con una beca de tenis. Estudié comunicación con énfasis en administración de empresas y después hice una maestría en relaciones internacionales»
El origen de la fundación: un accidente que cambió todo
«Cuando estudiaba relaciones internacionales, me interesaba cómo se desarrollan los países. Tenía una SRL para usar el deporte como desarrollo social y económico. Pero un amigo tuvo un accidente de esquí y quedó cuadripléjico. Eso me abrió la mente hacia las personas con discapacidad. Comencé un campamento de verano para cinco chicos discapacitados, y fue creciendo. Ya van 13 años. Hoy la fundación tiene una oficina central en Montgomery, Alabama, y opera en seis ciudades».
El trabajo con la discapacidad: dos vertientes y un solo objetivo
«Tenemos dos discapacidades diferentes: intelectual (autismo, síndrome de Down) y física (sillas de ruedas, amputaciones). Tenemos currículums para que todos tengan clases de tenis. Las clases son en primavera (6 semanas), verano (4 semanas) y otoño (6 semanas). Cada temporada se inscriben en las diferentes ciudades. Hay coordinadores, profesores líderes y ayudantes. Todos son voluntarios. Tenemos más de 1.000 voluntarios».
El sistema de voluntarios y la organización
«Tenemos una aplicación donde los voluntarios se anotan con su experiencia y disponibilidad. En cada localidad hay canchas. En Montgomery, donde yo estoy, usamos un lugar con 14 canchas. Los domingos vienen 60 chicos y los separamos en diferentes horarios. En otras ciudades colaboramos con universidades, clubes privados o clubes de la ciudad. Tenemos un consejo que rota cada tres años, un presidente que rota cada año y un estatuto claro. Cuatro reuniones anuales para la fundación entera y cuatro para los torneos».
Números que emocionan: 500 participantes y mil voluntarios
«Hoy tenemos 500 participantes activos. En la ciudad donde yo manejo, empezamos a partir de los 5 años. En otras sedes, a partir de los 8. No tenemos tope de edad. El mayor que tuvimos tenía 90 años, un ex naval que jugó con nosotros hasta que falleció. Los chicos en silla de ruedas suelen tener un trauma previo: accidentes de moto, de auto, o heridas de bala. Al principio no quieren venir, pero los visito, les mando mensajes, y cuando vienen, ya no dejan de venir».
Torneos federados y el sueño de las Paralimpíadas
«Tenemos dos tipos de torneos. Uno es para chicos en silla, federado con la USTA (Federación de Estados Unidos de Tenis). Estamos aplicando para que el año que viene sea internacional y dé puntos para las Paralimpíadas. También estoy involucrada en las Olimpiadas Especiales. Ahora, después de tres días en casa, me voy diez días a trabajar en comunicación para las Olimpiadas Especiales».
Una fundación sin fondos gubernamentales: todo es solidaridad
«No hay ningún fondo del gobierno de la ciudad. Todo es solidario. Tenemos diferentes niveles de colaboración: desde 500 hasta 5.000 dólares anuales. Con eso se pagan softwares, pelotas, raquetas, traslados. Los primeros cinco años tenía un costo, pero después se eliminó. Hoy es gratuito para todos los participantes. No cobramos nada».
El deporte como puente para la inclusión
«El tenis lo uso como puente porque fue lo que yo más sabía. Pero quiero que ellos tengan actividad y estén incluidos. No solo jugamos al tenis: también vamos a partidos de básquet, de béisbol, y tenemos una fiesta de navidad. Es jugar al tenis, pero también conectarse socialmente».
La fe como motor: «Dios te va a dar el deseo de tu corazón»
«Siempre fui creyente, pero en un momento me sentí perdida. El mundo se me hizo gigante. No sabía para dónde ir. Me arrodillé y pedí ayuda. Un versículo bíblico me ayudó mucho: ‘Dios te va a dar el deseo de tu corazón’. Yo sentía que necesitaba ayudar a otros. Ahí comenzó la visión de la fundación. Hoy me aferro a Cristo porque me da la fortaleza. Me cambió. Antes era muy impaciente y me costaba perdonar. Hoy quiero creer que amo a las personas como son, y que cada uno tiene su tiempo de aprender».
Un mensaje final: el amor siempre gana
«Que el amor siempre gana. Él lo demostró. Espero poder seguir eso»
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