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Cambiar el nombre, no el hábito

Lanzan un nuevo proyecto. Un nuevo encuentro. Una refundación, dicen algunos. Pero alcanza con mirar un poco para darse cuenta de algo muy sencillo: siguen siendo los mismos. Con los mismos hábitos. Con la misma soberbia.

Porque la idea, en el papel, suena bien. «Volver a encontrarnos», «construir un frente amplio», «defender nuestra provincia», «escuchar y recorrer». Y hasta cierran con una frase que nadie podría discutir: «El poder está en la gente». Todo eso se dijo. Cada uno con su léxico, cada uno con su forma de expresarse, pero el mensaje era el mismo: tenemos que acercarnos más a la gente.

Ahora, ¿cómo se acercan? Ocupando un espacio público que pertenece a la Cámara de Diputados. Un lugar institucional. Un salón que es de todos los misioneros, no de un partido. Y ahí, con toda la pompa, hacen el lanzamiento político del oficialismo.

¿No hay otra manera de acercarse a la gente?

Supongamos que hubiesen tenido un poco más de tacto. Supongamos que, en lugar de hacerlo en Posadas —porque Dios está en todas partes, pero tiene la oficina en la capital—, lo hacían en el interior. En Montecarlo, aunque no haya buena onda con el intendente. En Eldorado. En cualquier otro lado. Pero no: el poder se ejerce desde el poder, y punto.

Y ahí aparece la contradicción más evidente. Por un lado, dicen que hay que escuchar. Que hay que salir. Que el poder está en la gente. Por el otro, ocupan un espacio que es de todos para un acto partidario, y lo hacen con una naturalidad que asusta. Tan naturalizada tienen la concentración del poder que ya ni siquiera se dan cuenta del gesto que están haciendo.

Yo me pregunto: ¿alguien se animó a decirle al jefe supremo de la Renovación que tal vez ese no era el lugar? ¿Alguien le susurró al oído «no te parece que podemos hacer en otro lado»? Nadie. Porque nadie se anima. Porque en esa pirámide perfecta que construyeron, una sola cabeza ordena y el resto asiente.

Y entonces, ¿dónde queda eso de «abierto y participativo»? ¿Dónde queda el «frente amplio» si ni siquiera se permite una sugerencia sobre el lugar del acto?

Hasta un periodista amigo le preguntó a Adrián Núñez, vicepresidente de la Cámara, si iba a hacer alguna presentación o denuncia por la utilización partidaria de un espacio público. La respuesta fue «NO». Por supuesto. No va a pasar nada. Porque La Libertad Avanza, que hoy está casi asociada a la Renovación, no va a hacer ningún problema. Y los demás tampoco.

Pero eso no significa que la sociedad no lo vea.

Lo que más molesta a la gente no es solo el mal sueldo, la salud o la educación. Eso también, y mucho. Pero lo que cala hondo, lo que genera rechazo profundo, es la falta de humildad. Es ese gesto de decir «nosotros podemos porque somos los que tenemos el poder». Esa muestra de soberbia de ocupar un espacio público como si fuera propio, como si el resto no existiera.

Cambian el nombre. Cambian el eslogan. Cambian el flyer. Pero los hábitos siguen siendo los mismos de siempre.

Y la sociedad, que ya mostró en las urnas del año pasado que algo está cambiando, sigue mirando. Sigue esperando. Sigue midiendo. Porque el poder que se cree eterno, cuando no aprende a escuchar de verdad, termina cayéndose solo.


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Pepe Levy

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