Jonathan Rosch: el trabajo con adolescentes en las escuelas, la urgencia de repensar la crianza y el rol de la familia en tiempos de incertidumbre
Las amenazas y pintadas en escuelas que sacudieron a la Argentina y se replicaron en Montecarlo dejaron al descubierto algo mucho más profundo que una simple «picardía». Detrás de esos hechos, hay demandas no atendidas, malestares silenciados y una generación de adolescentes que está pidiendo, a su manera, que la miren. Para hablar de esto y del trabajo que vienen realizando en las instituciones educativas, Radio El Pueblo recibió al licenciado en psicología Jonathan Rosch, quien junto al equipo del EMAPA recorre escuelas y barrios ofreciendo talleres de contención y reflexión.
En una charla lúcida y sensible, Jonathan analizó el contexto, los cambios en la crianza, el impacto de las pantallas, la necesidad de repensar el modelo educativo y la importancia de generar espacios genuinos de diálogo en familia.
Un hecho que refleja falencias más profundas
«El hecho puntual que vivenciamos tanto en esta comunidad como a nivel nacional da cuenta de ciertas falencias, de ciertas demandas que están teniendo los jóvenes y que evidentemente no están pudiendo encontrar una respuesta. Es la manera que tienen para alertarnos de algo que está pasando, de un problema mucho más serio que hay detrás»
«Evidentemente, jugar con cuestiones tan sensibles y que generan tanto miedo es un indicador de alarma de que algo está pasando».
La dinámica de grupo como herramienta
«Hablar directamente de esto muchas veces se complica. Yo soy partidario de trabajar con dinámicas de grupo, darles el espacio, darles la palabra a ellos para que se puedan expresar y a partir de ahí ir construyendo cuál es la necesidad, cuál es la demanda»
«Por ejemplo, la semana pasada fuimos con el EMAPA a trabajar la problemática del consumo. En un primer momento planteamos una técnica de esparcimiento, de poner el cuerpo, que los chicos se puedan levantar de su silla, para después darles algunos conceptos. No ir con un mensaje directo ni con una orden. Si te parás enfrente del alumno y querés imponer algo, se sigue estableciendo esa barrera».
Lo que sigue estando de trasfondo
«Podemos eliminar el tema de las pintadas en las escuelas, o prohibirlo, o poner cámaras en los baños, pero lo que provocó eso sigue estando de trasfondo. Eso es lo importante a trabajar. Más allá de la actitud puntual, hay que preguntarse: ¿qué te llevó a eso? Buscar la raíz del problema, de dónde viene y cuál es la demanda verdadera».
Los cambios en la crianza y la dificultad de adaptarse
«Yo sostengo que a nivel de crianza cambiaron muchas cosas en los últimos 20 años. A la generación que está educando le está costando desarrollar herramientas como para salirse de ese marco de violencia con el que ellos mismos se criaron. Desprenderse de esas viejas herramientas y no desarrollar nuevas es el trabajo que más se ve hoy en día».
«Acompañado a esto tenemos un montón de cuestiones contextuales que potencian esto. Uno de los principales es el dinamismo con el que se vive hoy, potenciado por el uso de pantallas. Para captar la atención de un joven hoy no puede ser por más de 30 segundos o un minuto. Y tenemos modelos educativos donde pretendemos que el alumno esté sentado en un pupitre una hora y veinte. Es un montón. Habría que cambiar todo el sistema educativo».
La familia y la cultura de la inmediatez
«Pasó en un primer momento con la televisión: ‘le pongo un dibujito y me funciona de niñera’. Hoy trasladamos esa misma responsabilidad al celular. Vivimos en una cultura de la inmediatez, donde todo tiene que ser ya, los resultados tienen que verse siempre, rellenamos el día con un montón de actividades para no enfrentarnos a las cosas básicas o a lo que nos produce malestar».
«El niño va a la escuela, sale, tiene actividades deportivas, cursos de inglés, tiene que ser el mejor acá y el mejor allá. Vuelve a la casa y agarra un celular con videos de un minuto. Vive en esa vorágine. La gran pregunta, lamentablemente sin respuesta, es cómo sacamos todo el contexto de esa dinámica».
La respuesta de los chicos: hablar, construir, debatir
«En mi experiencia, vemos buenos resultados, vemos implicación por parte de los chicos. A veces parece que están desenfocados, hablando entre ellos, pero te acercás y están hablando sobre el tema. Darles la posibilidad de decir la palabra, de que puedan expresarlo a través de ideas y construir algo entre ellos: ‘a mí me pasa esto, yo tengo que dejar todo y salir corriendo, pero cómo vas a hacer eso’. Ahí yo veo la productividad. Salgamos de eso, de la manera callada, aislada, individual. Si justamente estamos en un ambiente comunitario, aprovechemos eso, usemos eso, hablemos de los temas que nos inquietan, que nos incomodan, que nos generan ansiedad y angustia».
La propuesta a las familias: dos horas a la semana sin pantallas
«Les proponemos a los chicos que planteen en sus casas: ¿tienen la posibilidad de sentarse alrededor de una mesa dos horas por semana a conversar sobre lo que les pasó, sin la tele, sin el celular, sin medios que distraigan? Con papá, mamá, tío, abuelo, las personas que integran el núcleo familiar. ¿Un almuerzo? No, tengo que comer en diez minutos porque mi mamá tiene que salir a trabajar. Se les propone esto: lleguen a sus casas y hagan estas propuestas a sus padres. Es posible, podemos delimitar un tiempo, los martes de 8 a 9, por dar un ejemplo. Tratar de empezar con esos espacios y hablar desde un lugar más genuino».
La importancia de la continuidad y las dificultades reales
«Lo ideal sería poder diseñar talleres que tengan continuidad. Pero con la cantidad de demanda que hay, la cantidad de instituciones educativas y el equipo reducido, tanto privado como público, se hace muy difícil mantener un seguimiento en el tiempo. Ojalá se mantengan en el tiempo y podamos seguir replicándolo para ir viendo qué pasa cada 5 o 10 años».
El trabajo en EMAPA y en el ámbito privado
«Desde EMAPA (Espacio Municipal de Abordaje y Prevención de Adicciones) trabajamos en red con las instituciones, con el hospital, con la justicia. Muchas veces se complica porque la voluntad de la persona no está puesta ahí. Las internaciones involuntarias son el último recurso, cuando corre riesgo la vida de esa persona o de un tercero. Siempre se trata de trabajar con la voluntad».
En el ámbito privado, Jonathan atiende en ALMA Consultorios.
«Sí y no es más fácil. Porque la demanda al ser espontánea nace de una necesidad. Pero después a veces se complica mantener la continuidad. Desde lo económico, hay muchos casos que cuesta mantener un tratamiento prolongado. Y desde lo personal, hay veces que la persona trabaja ciertas cuestiones, surgen otras que le cuesta enfrentar, y se retira un tiempo. Es el tiempo de cada uno».
Un mensaje final: hablar ya es un paso
«Muchísimas gracias por el espacio, por permitir plantear la posibilidad de por lo menos empezar a pensar en estos temas y empezar a hablarlos. Ya es un paso»
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