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«He dejado una lágrima en cada esquina del hogar, pero uno todo lo hace por amor»

Carolina Pedrozo: 20 años dedicados a los niños de la Divina Misericordia de Jesús, un homenaje en vida y un mensaje que duele en el alma

En el Hogar de Niños de la Divina Misericordia de Jesús, se descubrió una placa en homenaje a una mujer que dedicó 20 años de su vida a contener, cuidar y amar a los más vulnerables. Carolina Pedrozo, enfermera de profesión, madre de tres hijos, entregó su alma a esa casa. Con oído, corazón y brazos, como ella misma define. Para conocer su historia, sus alegrías, sus lágrimas y su mirada sobre la infancia, Radio El Pueblo la recibió en sus estudios.

En una charla emotiva y profunda, Carolina repasó sus dos décadas en el hogar, las dificultades, los sueños incumplidos y la certeza de que el problema de los niños está en las raíces, en la base, en la familia.

20 años entregados al hogar: «Era muy difícil para mí alejarme»

«Estuve 20 años, desde principios del 2002 hasta principios del 2022. Yo, aparte de profesión, soy enfermera. Abracé ese lugar, para mí fue todo un desafío, pero gracias a Dios pude sostenerlo»

Y confesó:

«Me había jubilado antes, pero el presidente de la comisión directiva me decía ‘te necesitamos todavía’. Y aparte, era muy difícil para mí alejarme. Es como que eso estaba impregnado».

«Yo sufro mucho por el sufrimiento de los niños. Y para contenerlos uno tiene que poner oído, corazón y brazos. Sin amor no hay».

Generaciones de chicos: «Siempre me escriben, nunca se olvidan»

«Hoy hay varias generaciones de chicos. Los conozco grandes, inclusive siempre me escriben. Es como que nunca se olvidan de uno».

Y recordó una anécdota que la marcó:

«Una vez estuve internada con un chiquito de cuatro años. Lo tenian que operar. En la sala, una señora le dio una monedita. Le pregunté: ‘¿qué querés comprar con tu moneda?’ Y me dijo: ‘yo quiero comprar una casa’. Ahí uno entiende que ellos saben que no es su hogar».

El rol de la familia y el apoyo de sus hijos

«Mis hijos cuando eran chicos siempre estaban conmigo en el hogar. Yo me iba un ratito a casa, venía, y ellos cuando querían estar conmigo venían. Crecieron así. Si ellos no hubieran cedido ese espacio, yo no hubiera podido hacer nada. Siempre me decían: ‘sí, mami, vos podés’. Les doy muchísimas gracias. También tuvieron un papá muy padrazo, y así entre los dos llevamos esta familia».

Lidia Garciarena y Eugenio Schwiderke: pilares fundamentales

Carolina no dudó en nombrar a quienes fueron sus soportes.

«Una de las personas fundamentales fue Lidia Garciarena. Para mí fue el pilar fundamental. Fue de la mano de ella que yo podía. Fue una de las fundadoras del hogar y lo sigue siendo, pensando y sufriendo por el hogar».

También destacó al presidente Eugenio Schwiderke:

«Si tenía que ir a golpear puertas en la provincia, iba. Si tenía que sentarse a discutir con el juez, lo hacía. No dudaba en levantar a un chico en su propio auto. Era una persona honesta y de fierro».

«De la justicia puedo hablar mucho, pero no tengo permiso»

Consultada sobre su relación con la justicia, Carolina fue cauta pero elocuente.

«Yo de la justicia por ahí puedo hablar mucho, pero no tengo permiso. Es difícil. Usted lo sabe. Es lindo y uno aprende mucho, aprende desde adentro, no tocando de oídos».

El mensaje que duele: el problema está en las raíces

Carolina fue contundente al final de la entrevista.

«Los chicos no son malos porque no nacen malos. El problema está en la base, en las raíces. Nosotros si no vemos esas raíces, no vamos a tener chicos bien. No se arregla con una chapa, no se arregla con una mercadería. Se arregla con un asistencialismo a la base, a las raíces. Eso es lo que tomé como experiencia en ese hogar».

Y cerró con una mezcla de esperanza y tristeza:

«Hay una mezcla de sueños todavía. Yo siempre decía: no me iría de este mundo si no veo ese sueño realizado. Pero no se puede».

Un homenaje en vida

«Generalmente los mejores homenajes son los que se hacen en vida», reflexionó Pepe Levy. Y Carolina asintió. El verdadero homenaje, el que no se ve, está en cada niño que pasó por sus brazos, en cada lágrima que dejó en cada esquina, en cada hijo que hoy la sigue acompañando.

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