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NADIE SE HACE CARGO DE LAS DERROTAS DEL 2026

El poder se trasladó de Puerta a Rovira, distintos estilos, distinta forma de construir poder, de lo horizontal de “Ramón” a lo vertical de “Carlitos” pero los pésimos resultados de las elecciones del año pasado preocupan a la Renovación y la interna esta candente, cuando hay triunfos todos se quieren adjudicar, pero de la derrota nadie “se hace cargo”

Hace casi treinta años, en Misiones, había una certeza compartida por casi todos: nadie le iba a hacer sombra a Ramón Puerta. Lo manejaba todo. Ponía candidatos, armaba listas, y su poder absoluto —política y económicamente— parecía indestructible. Recuerdo una tarde en Posadas, en la calle Colón, viendo la presentación de la fórmula Rovira-Oviedo, y alguien me decía: «¿Te diste cuenta el poder que tiene Ramón?».

Nos equivocamos todos los que pensamos que ese poder nunca se iba a terminar.

No pasó mucho tiempo para que el poder se trasladara. Para que aquel que recibió el poder de Puerta un día le dijera: «Vos tendrás los ministros, pero yo tengo la chequera». Y así, Carlos Rovira empezó a construir su propio imperio, con una lógica distinta. Puerta era dialoguista, hablaba con todos, y hasta muchos mentían diciendo «vengo de parte de Ramón» para ganar peso. Rovira, en cambio, construyó un poder piramidal. Habla con su pequeño entorno. Él determina. Ustedes escucharon alguna vez a alguien decir «Carlitos Rovira me pidió que haga tal cosa»? No. Porque ese poder no se delega, se concentra.

Un ex intendente me lo dijo claro: «La Renovación está hecha como una pirámide. Una sola cabeza ordena y maneja».

Pero el poder, así se construya, no es eterno. Y hoy, puertas adentro de la Renovación, hay preocupación. Las elecciones del año pasado fueron un llamado de atención tremendo. Las redes sociales explican parte del fenómeno, pero no todo. La gente puede cambiar de rumbo. Ya lo demostró cuando Puerta, aquel hombre todopoderoso, perdió el poder que parecía impensado perder.

Hoy se discute internamente. Suenan nombres: Lalo Stelatto, Oscar Herrera Ahuad, algún otro como Spinelli que no mide nada. Pero lo que realmente preocupa es el 2027. Porque los problemas están a la vista: malos sueldos a empleados públicos, a docentes, a trabajadores de la salud. Y la directiva de los últimos tiempos parece ser siempre la misma: echarle la culpa al gobierno nacional. «Nosotros no, la culpa la tiene Milei», repiten.

Pero en Montecarlo, por poner un ejemplo, la escuela del barrio San Lorenzo se terminaba en la época de Alberto Fernández y quedó parada. La ruta 15, la terminal de ómnibus, el propio edificio municipal: años y años a paso de hormiga. ¿También es culpa del gobierno nacional? La orden es clara: desviar la responsabilidad. Mientras tanto, ellos siguen construyendo y haciéndole creer a la gente que todo lo manejan bien. Que hay que volver a votarlos.

El problema es que la oposición no está a la altura. No hay todavía un candidato potable, no hay una estructura firme. Y sin eso, por más enojo que haya en la calle, todo seguirá como está.

La Renovación tiene miedo. Miedo de que se repita la historia. Miedo de que, como hace treinta años con Ramón Puerta, el poder absoluto se termine de un día para el otro. La sociedad ya dio señales. Las urnas del año pasado fueron una. Queda por ver si la oposición entiende que su responsabilidad es construir una alternativa real. Porque de lo contrario, el temor de la Renovación será solo eso: un temor que nunca se convierta en cambio.

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