“Me siento orgulloso de ese trabajo”: Guillermo «Willy» Baden recordó la historia y la creación del laberinto vegetal de Montecarlo

En diálogo con Radio El Pueblo, durante el programa Audiodinámica, conducido por Pepe Levy, Guillermo “Willy” Baden recordó cómo nació la historia del laberinto vegetal de Montecarlo, uno de los principales atractivos turísticos de la localidad y que durante años llevó el título de ser el laberinto vegetal más grande de Sudamérica. Actualmente, el espacio se encuentra en una etapa de reconstrucción debido a una plaga de hormiga minera, mientras existe expectativa por su recuperación de cara a la Fiesta Provincial de la Flor y Fiesta Nacional de la Orquídea, que se desarrollarán en octubre de 2026.

Baden contó que la idea surgió luego de un viaje realizado en 1983 a Córdoba, donde conoció un laberinto vegetal que despertó su interés. “Llegué a Misiones entusiasmado, dibujé un laberinto y propuse, le presenté a la promotora y no se pudo”, recordó. Sin embargo, años después volvió a impulsar el proyecto y en 1990, cuando formó parte de la comisión, consiguió una respuesta positiva. El terreno donde actualmente se encuentra el laberinto era entonces un yerbal y Baden explicó que logró convencer a sus integrantes de que la propuesta podía convertirse también en una forma de recaudar fondos.

La construcción tuvo una particularidad: el laberinto fue realizado a partir de semillas y no mediante estacas. “El laberinto lo armé con semillas, no con estacas, las raíces de una semilla crecen como profundidad”, explicó. Para ponerlo en marcha se utilizaron alrededor de 32 kilos de semillas y el proceso demandó varios meses de trabajo. Según recordó, también se aprovecharon plantas de ligustrina que se encontraban en la zona del arroyo Bonito. La planificación y marcación se realizaron durante la década del 90, mientras que la siembra comenzó en 1991 junto a uno de sus compañeros.

Finalmente, el laberinto vegetal fue inaugurado el 12 de diciembre de 1994. Baden señaló que el proyecto original contemplaba algunos elementos que finalmente no se concretaron, como una escalera elevada a la altura de un primer piso para permitir observar el trazado desde arriba y un alambrado alrededor de la ligustrina para proteger las paredes vegetales. “Fue un éxito, venían turistas, estudiantes, pagaban solo para entrar adentro y mirar”, recordó sobre los primeros años del atractivo, que llegó a tener una superficie de aproximadamente 4.000 metros cuadrados. “Me siento orgulloso de ese trabajo”, sostuvo.

Con el paso de los años, el laberinto se vio afectado por la aparición de la denominada hormiga minera. “Eso no existía en esa época, no había que usar veneno”, explicó Baden, quien ubicó el comienzo del problema alrededor del año 2000. Según relató, los nidos de esta plaga pueden alcanzar hasta 17 metros de profundidad, lo que dificulta su eliminación y terminó afectando seriamente al laberinto vegetal. Actualmente, el espacio se encuentra en reconstrucción, con trabajos que cuentan con la participación de los Bomberos Voluntarios, mientras se espera su recuperación para volver a recibir visitantes.

La historia del laberinto también está ligada a la pasión de Baden por las plantas y, especialmente, por las orquídeas. “La pasión por las plantas nace desde niño, en la chacra”, contó. Desde 1988 comenzó a practicar la siembra y, a partir del contacto con productores y aficionados brasileños, se volcó al cultivo de orquídeas. En 1991 comenzó a sembrar una mayor cantidad y actualmente asegura contar con 115 variantes. Aunque integró la Promotora de Turismo en representación del Rotary, destacó que siempre se consideró orquideófilo. “Lo que más disfruto es ser de Montecarlo y estar en la historia de los orquideófilos”, expresó.

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