«La fe vivida y expresada sin temor»: Padre Federico Leverberg y la esperanza de una sociedad que busca a Dios
En un contexto social atravesado por la inseguridad, el desencuentro y la desconfianza, la multitudinaria convocatoria a la misa de Miércoles de Ceniza en Montecarlo se convirtió en un signo que interpela. ¿Qué busca la gente cuando se acerca a la iglesia? ¿Qué dice de una sociedad esa necesidad de encontrarse con lo sagrado?
Para conversar sobre estas cuestiones, recibimos en los estudios de Radio El Pueblo 102.9 FM al padre Federico Leverberg, párroco de iglesia Nuestra Señora de Fátima de Montecarlo, en una charla distendida que abordó no solo lo espiritual, sino también la realidad cotidiana, los vínculos sociales y la construcción de una comunidad más justa.
Una multitud que desbordó expectativas
«La verdad que gratamente sorprendidos«, confesó el padre Federico al ser consultado sobre la cantidad de personas que participaron de la celebración del Miércoles de Ceniza. «Nuestras expectativas humanas eran menores y la del Padre era mucho mayor«, expresó con una sonrisa, haciendo un juego de palabras que revela su mirada de fe.
Para él, esa concurrencia no es casualidad: «Es la búsqueda de Dios, la sed de Dios lo que el corazón tiene cuando uno lo escucha y lo busca. Y también tener un lugar donde encontrarlo«. En ese sentido, destacó el valor de «abrir espacios donde uno se pueda encontrar con Dios, ir a buscarlo y recibirlo«.
«Es un buen signo y una gran alegría poder ver la familia reunida alrededor de la mesa del Padre», afirmó.
Justicia social y justicia espiritual: una relación necesaria
Uno de los ejes más profundos de la conversación giró en torno a la relación entre la fe y la construcción de una sociedad más justa. El padre Federico partió de una reflexión sobre las bienaventuranzas y el concepto de justicia.
«Cuando el Señor dice ‘Felices los que tienen hambre y sed de justicia’, no está hablando de una justicia social en clave política y terrenal. La justicia ahí es la santidad», explicó.
Y desarrolló una idea que atravesó toda la entrevista:
«Para que haya justicia social tiene que comenzar por la justicia espiritual. ¿Qué ley civil me tiene que recordar que no tengo que golpear a mi papá? Si ya hay un mandamiento previo: amar a padre y madre. Si uno ama realmente a Dios, no hay por qué tener que querer arreglar la sociedad si primero no hay conversión de los corazones».
En su mirada, una sociedad que ama a Dios respeta la propiedad privada del prójimo, cuida la familia del otro, asume sus responsabilidades. «No tiene que venir un policía a decirle ‘cuide a sus hijos’ si antes el alma no se alejó de Dios«, sentenció.
«Si todos amamos a Dios y hacemos lo que nos toca, no habría necesidad ni de cárceles», agregó con contundencia.
El peligro de juzgar y la tentación de compararse con los peores
El padre Federico también se refirió a una práctica social muy arraigada: el hábito de hablar mal de los demás y compararse con los peores ejemplos para justificar la propia mediocridad.
«Hay una tendencia muy demoníaca de que nos solemos comparar con los peores. El chismerío es un gran pecado. Muchos ingenuamente creen que hablar mal es ver mal, y después terminan diciendo ‘nosotros quiénes somos para juzgar’, pero ya desfenestraron al otro», observó.
Y profundizó:
«Hay algo perverso en eso: una cierta satisfacción de decir ‘yo no soy tan malo como aquel’. Nos justificamos en nuestra mediocridad cada vez que hablamos mal de otro«.
Su propuesta fue clara:
«Empecemos a hablar de cosas buenas, de las virtudes de los demás, que eso nos cuesta muchísimo. Reconocer que el otro es bueno, que el otro es mejor que yo en algunas cosas, nos cuesta ser humildes. Sumémonos para ayudarlo, hablemos de las cosas buenas».
Montecarlo: creatividad para el bien
En ese punto, el padre Federico destacó una característica que valora profundamente de la comunidad local:
«Montecarlo tiene algo que me llama mucho la atención y me gusta mucho: hay mucha creatividad para las cosas buenas. El reciclado, los perros, la adopción, vamos a hacer un roperito, vamos a ayudar a aquel. La gente es muy activa, muy creativa para las cosas buenas».
Y propuso:
«Eso podríamos tener siempre presente en nuestras conversaciones sociales: las cosas buenas, las iniciativas, y preguntarnos qué podemos hacer para ayudar».
El gesto que conmovió: fieles arrodillados en el pasto
Durante la entrevista, el conductor del programa compartió una experiencia personal que lo sensibilizó profundamente durante la misa de Miércoles de Ceniza:
«Llegué tarde y me quedé afuera. Lo que me sensibilizó fue ver mucha gente arrodillada en el pasto o en la vereda. Niños, madres, padres, siguiendo la misa desde afuera, arrodillados en el pasto. Para mí fue fuerte».
El padre Federico respondió con emoción contenida:
«Es la fe vivida y expresada sin temor. O al contrario, sabiendo que eso le agrada a Dios. Ese es el espíritu: ‘Acá está Dios en el momento de la consagración, está presente. No lo veo, pero me interesa que Él me vea’. La verdad que es un gesto que corresponde justamente a lo que se está celebrando».
Y agregó:
«Eso edifica. Ver a niños con esa sensibilidad, esa alma tan atenta a Dios, que además sigue a sus padres… Si los padres se confían a esa familia, les enseñan a amar a Dios, el niño nutriéndose de eso puede vivir plenamente».
La esperanza de un pastor
Consultado sobre qué sintió al terminar la misa y ver esa multitud, el padre Federico confesó: «Paz, gracias a Dios. Pero más que paz, esperanza. Realmente mucha esperanza«.
«Yo termino la misa, voy a mi casa, hago una oración, y después sigo con las cosas. Pero esa noche miraba las fotos y pensaba: ‘Señor, gracias porque me das esperanza, me das motivo para creer, para amarte más’. Ver que las almas tienen sed de Dios me conmueve, porque yo amo mucho a Dios y quiero que las almas lo amen como yo lo amo», expresó con sinceridad.
Y concluyó con humildad:
«Nada está perdido. A pesar de todo lo que uno sabe, del mal, del piquete, de lo que sea… cuando uno ve que la gente busca a Dios, se quiere confesar, acercarse, eso realmente da esperanza. El Señor me da motivo para creer».
Una bendición para el nuevo ciclo
Antes de despedirse, el padre Federico bendijo los estudios de Radio El Pueblo y el trabajo que se inicia en este nuevo año, pidiendo «a Dios que derrame sobre ustedes una abundante bendición y que pueda abrir su corazón a su gracia, a su acción, siempre cerca de Él«.
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