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«Exorcizar demonios a través del arte divino de la escritura»

«Exorcizar demonios a través del arte divino de la escritura»

Palabra que Camina presenta su cuarta antología

En un mundo que parece correr cada vez más rápido, donde las pantallas nos roban la mirada y el ruido nos impide escucharnos, hay quienes eligen el camino inverso: detenerse, mirar hacia adentro y poner en palabras lo que encuentran. Ese es el espíritu de «Palabra que Camina», el taller literario que desde hace años se reúne cada miércoles en Montecarlo y que este sábado 28 de febrero, a las 20 horas, presentará su cuarta antología en la Asociación de Maestros.

Para conversar sobre este nuevo libro, el proceso creativo y la importancia de la literatura como herramienta de transformación social, visitaron los estudios de Radio El Pueblo tres de sus integrantes: Theodosio Barrios, editor y escritor de Eldorado, alma mater del grupo; Norma Ranger, coordinadora del taller; y Celeste Viollaz, también escritora y participante activa.

Un origen espontáneo que se convirtió en comunidad

«Ya no me acuerdo de todo eso«, sonríe Theodosio cuando se le pregunta cómo nació la idea.

«En Montecarlo aterrizó gracias a la gestión de Hilarión Benítez, que contactó a Norma, y así se hizo una cadena de favores para que esto sea posible. Fuimos una treintena en esa primera reunión, y era muy lindo ver tanta gente interesada en escribir, en exorcizar sus demonios a través del arte divino de la escritura y la lectura».

Cinco años después, el grupo se mantiene firme.

«Hoy somos una veintena, que es una barbaridad. No hay grupo que tenga la cantidad de gente que estoy diciendo. Y todos, como si fuera el primer día, seguimos entusiasmados con la idea de seguir produciendo y haciendo cosas», agregó.

El rol del Estado y la autogestión cultural

Theodosio, con la franqueza que lo caracteriza, no eludió un tema que le duele: la falta de apoyo estatal a la cultura.

«Si se hiciera más hincapié en este tipo de actividades, tendríamos un poco menos locos sueltos, menos gente en el SAMIC, menos gente en un montón de cosas. Gente más mansa, más plena, en el sentido de que está haciendo lo que le gusta».

Pero aclaró:

«No buscamos que el Estado nos regale nada. Soy un convencido de que el Estado tiene que bajar lineamientos que nacen de la periferia, no del centro. Nadie nos baja línea. Gracias a la ausencia del Estado, yo tengo todo mi equipo de impresión en casa y trabajo como un enano. Todo tengo en mi casa».

Y lanzó una frase que quedó flotando en el aire:

«El día de la presentación, van y saludan con el sombrero ajeno. Eso es muy desleal».

Cuatro antologías, cuatro tesoros

«Hoy tenemos cuatro libros, cuatro antologías, tesoros. Son 170 ejemplares sagrados, no existe más, no va a salir nunca más ese libro«, explicó Theodosio. «Las personas tienen que tomar conciencia de que si no tienen ese libro, ya no lo van a tener más«.

El nuevo libro, la Antología IV, reúne a 17 escritores, cada uno con 10 páginas de textos personales. «Es el mejor de todos«, coinciden los tres.

«Cuando hay un grupo de personas que van tras la misma finalidad —aprender, comprender las letras y escribir no solo como a uno le guste, sino para que al otro le guste, le agrade, le afecte—, el crecimiento es irreversible, es comunitario, es colectivo», afirmó Theodosio.

La magia de los tótems

Una de las novedades de esta edición es que cada autor se presenta con su «animal de poder» o tótem.

«Surgió a raíz de un ejercicio en el taller», explicó Celeste. «Buscamos en distintas culturas, hicimos meditaciones para encontrar cuál era nuestro tótem en este momento. No es que nos identificamos con ese animal, sino que es nuestro espíritu guía, con características que se asemejan a nuestro comportamiento».

Norma agregó:

«La mayoría de las culturas tienen esto de identificarse con algún animal. Es una introspección muy importante, muy profunda, y eso se hace en el taller. Uno sale fortalecido, con la intención de ser más tolerante, de ser un poco mejor, de cerrar la boca cuando es necesario callarse».

Escribir: ¿oficio o inspiración?

Consultados sobre el proceso creativo, las respuestas fueron diversas pero complementarias.

Celeste confesó:

«No hay horario. Me he despertado a la madrugada con una idea y digo ‘esto lo tengo que escribir ya’. Sale como catártico. Excepto los miércoles, que de 18.30 a 20 sí o sí escribimos, con la consigna del día. Ahí funcionamos bajo presión, y el cerebro se dispara y busca en rincones que uno ni sabía que existían».

Norma coincidió:

«Todos los miércoles escribimos aunque sea un texto. Los guardamos, a veces los retomamos al mes y decimos ‘¿qué es esto que escribí?’. Y lo mejoramos, o lo empeoramos, no sé».

Theodosio, más filosófico, diferenció:

«Primero pasamos siendo una tacuara con un alambre para tener recepción. Hoy queremos ser parabólicas. Lo visceral es muy bueno, pero es un 5%, un 10%. Todo lo demás es laburo. Yo necesito que el otro lo comprenda. No enamorarme de mi texto, sino tratar de llegarle al otro. De nada me sirve hacer un bello poema si no lo saco afuera. Y si lo saco afuera, es un niño atrofiado que no quiero mostrar. Hay que perfeccionarlo, vestirlo bien, enseñarle a caminar».

Una invitación a sumarse

Los tres insistieron en invitar a la comunidad a participar de los talleres, que se realizan todos los miércoles de 18.30 a 20 horas, a partir de marzo, en la Asociación de Maestros.

«Es totalmente gratuito, libre. A partir de los 15, 16 años pueden ir. Es un lugar minado de profesionales, gente con título, valioso o no, como es mi caso. Yo coordino, pero no tengo certificación de que soy un tipo preparado. Mis ejercicios son exorcismos. Es para que la persona vaya y salga más contenta de ese lugar», explicó Theodosio.

Celeste añadió:

«Sabemos que hay muchas personas que escriben, que quieren contar su historia, decir un verso o una poesía. Que vayan a los talleres. Es una necesidad que tiene la persona que le encuentra el gusto a esto».

Tierra sin mal: el horizonte guaraní

Antes de despedirse, Theodosio reflexionó sobre el concepto guaraní de la «tierra sin mal«, del que ha escrito en sus libros.

«Para los guaraníes, la tierra sin mal era un lugar donde no había enfermedad, hambre ni muerte, donde la naturaleza daba sin agotarse, donde las personas vivían en armonía entre sí y con la selva, un espacio sin injusticia ni violencia. Y es una tierra que existe, buscada por ellos hasta hoy. No tiene nada que ver con el Edén, es una tierra que existe, ideal. Hoy hay fronteras, hay limitaciones. Para un guaraní, las leyes de las comunidades son realmente jorobadas. Los que habitan bajo la palabra de los ancianos le tienen pánico a la sentencia de los abuelos. Ahí está el sentido del respeto a los mayores».

Y cerró con una enseñanza:

«Lo que uno busca es que respetemos a los niños y cuidemos a los viejos. Porque los viejos dieron todo y tienen, quizás, más que darnos: sus vivencias».


Presentación de la Antología IV de «Palabra que Camina»

📅 Fecha: sábado 28 de febrero
🕒 Hora: 20:00 en punto (se ruega puntualidad)
📍 Lugar: Asociación de Maestros de Montecarlo, Salón Principal
📖 Libro: 180 páginas con textos de 17 autores
💰 Valor: $30.000

🎭 Particularidad: Cada autor se presenta con su «tótem» o animal de poder, resultado de un ejercicio de introspección colectiva.

🗓️ Talleres literarios: Todos los miércoles de 18:30 a 20:00, desde marzo, en la Asociación de Maestros. Gratuitos y abiertos a mayores de 15 años.


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