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«Ser embajador de Jesucristo donde haga falta»

«Ser embajador de Jesucristo donde haga falta»

Padre Oscar López y una vida de misión entre Alemania, España y Montecarlo

Hay personas que llevan su tierra en el corazón, aunque el destino las lleve a recorrer el mundo. Ese es el caso del padre Oscar López, sacerdote oriundo de Montecarlo, que hace ocho años partió a Alemania para cumplir una misión y que a partir del mes que viene iniciará una nueva etapa en España. En su paso por la ciudad, y antes de emprender este nuevo desafío, conversamos con él en Radio El Pueblo para conocer su experiencia, los contrastes entre la fe en Europa y en Argentina, y su compromiso con los más necesitados.

En una charla cálida y llena de anécdotas, el padre Oscar compartió sus vivencias, sus aprendizajes y su mirada sobre el rol de la Iglesia en el viejo continente.

De Montecarlo al mundo: una vocación misionera

«Estuve 8 años en Alemania y ahora, a partir del mes que viene, mi nuevo lugar de misión va a ser España, en la diócesis de Ávila«, comenzó el padre Oscar. La decisión de irse no fue casual:

«Acá en Montecarlo vimos cuántos migrantes de otros países han venido. Lo mismo pasó con sacerdotes y religiosas que llegaron de Alemania, España, Italia. ¿Por qué no devolverle un poquito a Europa lo que ellos nos han dado? Eso me animó mucho en esta tarea misionera».

Su primera misión fue en Hamburgo, invitado por el arzobispo de esa ciudad.

«Primero fue por tres años, después se sumaron otros tres, y llegué a estar ocho años allí».

Ahora, el padre Darío Brandt, también oriundo de la zona, tomó su relevo en Alemania, y monseñor Baisi le ofreció acompañar al padre Eduardo González Baez en Ávila.

La fe en Europa: un paisaje diferente

Consultado sobre las diferencias en la vivencia de la fe, el padre Oscar fue claro:

«En Europa, la religión ya no es parte de la cultura, no está en el ambiente como acá. Cuando decís ‘soy sacerdote’, a un alemán le preguntás y no sabe bien qué es. El que va a la iglesia lo hace porque lo recibió de herencia, se siente bien, lo ve como un cumplimiento, pero después vuelve a su casa. No tienen esa costumbre de sociabilizar como nosotros».

Sin embargo, destacó una virtud:

«Los alemanes son muy respetuosos. Después de la guerra, aprendieron a no discriminar. Católicos y evangélicos (luteranos) tienen muy buena relación, hacen cosas juntos. Acá todavía cuesta ese diálogo con el evangelismo pentecostal».

También mencionó la convivencia con otras religiones:

«En Europa se abrió mucho a musulmanes, judíos, hindúes. Todos tienen que convivir y respetarse».

El idioma: un desafío superado

«Aprender alemán es difícil«, confesó entre risas. «Estos ocho años me sirvieron para entender cuando alguien habla, sé de qué están hablando. Para responder, puedo decir un sí, un no, agregar algo. Pero para predicar en alemán me cuesta. Empecé a celebrar misa en alemán, pero todo leído. Leo bien, pero hablar así, espontáneo, es más difícil«.

Curiosamente, notó que los alemanes aprenden español rápido.

«Una vez le pregunté a una alemana por qué. Me dijo: ‘Cuando un alemán va a otro país, lo menos que quiere es encontrarse con otro alemán. Se queda ahí y se amaña para aprender el idioma. En un año lo aprenden relativamente bien'».

El sostenimiento de la Iglesia: impuestos y compromiso

Uno de los temas más llamativos fue el sistema de financiamiento de la Iglesia en Alemania.

«Allá, cuando pagás tus impuestos, hay un tercer o cuarto impuesto que es para la iglesia. Vos elegís si querés pagarlo y a qué iglesia destinarlo. Te descuentan el 7% de tus impuestos y eso va a la parroquia para mantenimiento y para el sueldo del sacerdote».

Este sistema tiene una contrapartida:

«El católico que no está de acuerdo con el rumbo de la iglesia se desapunta. Deja de pagar el impuesto y ya no tiene derecho a bautismo, comunión, confirmación. Por eso la iglesia en Alemania está sufriendo, porque mucha gente se está desapuntando, sobre todo por los casos de abuso sexual y por la vida de algunos obispos y curas que viven como burgueses. Eso no le gusta a la gente».

La vida en la ciudad: anonimato y apertura

El padre Oscar contó cómo fue su vida en Hamburgo, una gran ciudad.

«Con los que jugaba al pádel, no sabían que era cura. Era un muchacho más que venía de Latinoamérica. Me invitaban a jugar sábado y domingo, y yo les decía que no podía porque trabajaba. Ahí salía la conversación. Pero siempre con respeto. Los alemanes de las grandes ciudades son muy abiertos a conocer».

El regreso: vacaciones con misión

Aunque vino de vacaciones, el padre Oscar no dejó de lado su vocación.

«Me ofrecí al obispo para ayudar en Tobuna, donde no había sacerdote. Y también estoy colaborando con una escuelita en Pozo Azul que comenzamos hace cuatro años, y con un centro de rehabilitación para drogadependientes cerca de San Pedro. Pienso que con la educación podemos ayudar más que con un vaso de leche. Es dar una mano más profunda».

¿Volver a Montecarlo?

Consultado sobre la posibilidad de regresar definitivamente, fue sincero:

«La diócesis de Iguazú tiene muchos curas jóvenes, muy santos, muy disponibles. Eso me anima a seguir ofreciéndome para la misión afuera. Acá está medianamente bien. En España faltan más curas. Por ejemplo, en la parroquia donde voy a vivir, me va a tocar recorrer dos o tres pueblos a 30 kilómetros que antes eran parroquias y ahora no tienen cura. Eso es lo que me mueve a seguir misionando».

«Naturalmente, en algún momento tengo la intención de volver«, aclaró. «Pero ahora creo que no, porque acá la diócesis está bastante bien y allá hace más falta«.

Un mensaje y una bendición

Antes de despedirse, el padre Oscar dejó un mensaje a la comunidad:

«Quiero agradecerles a todos por la cercanía, la preocupación. Le debo mucho a Montecarlo. Me sigo encomendando a sus oraciones. Que sepan que estoy muy bien, que esta misión me hace muy bien».

Y concedió la bendición:

«Que Dios bendiga este medio de comunicación social, que llega a tantas personas, que es tan necesario en nuestra comunidad. Que los bendiga a cada uno de ustedes, a los que trabajan aquí, a todos los televidentes y oyentes. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén».


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