«Más que una escuela de música, un puerto para el alma»
Rula y el maravilloso mundo de Puerto Escondido en Montecarlo
Quienes transitan a diario por la avenida Libertador seguramente han visto esa casa con gente sentada en la vereda, con guitarras que suenan al atardecer, con chicos que van y vienen. Es la casa de Rula, la conocen todos, pero pocos saben lo que realmente sucede puertas adentro. Por eso, Radio El Pueblo se trasladó hasta la Escuela de Música Atahualpa, el espacio que «Rula» transformó en algo mucho más grande: Puerto Escondido.
Lo que encontró Claudio, el cronista, al ingresar fue, en sus propias palabras, «algo más que una escuela«. Un lugar con una mística especial, donde la música es apenas la excusa para algo mucho más profundo: el encuentro, la contención, la integración y, sobre todo, la humanidad.
La primera impresión: chicos que sorprenden
«Me atiende un chiquito de unos diez años. ‘Rula salió a comprar un segundito, ¿quiere esperarlo? Tome asiento’. Al ratito llega un adolescente con una nena y me saludan: ‘Buen día, señor‘», relató el movilero, aún sorprendido por la educación y la calidez del trato. «Ya la entrada inaugura algo distinto en nuestros chicos«.
Y mientras esperaba, comenzó a gestarse la idea:
«Estamos ante algo más que una escuela. Me venía a la cabeza el Templo de la Cultura. La música es el camino, la herramienta, pero acá se canaliza un montón de otras cuestiones. Es casi una filosofía de vida».
¿Por qué Puerto Escondido?
Cuando finalmente llegó Rula, con su eterna sonrisa y su mirada serena, explicó el origen del nombre:
«Me gusta mucho la literatura, el cine. Un día me encontré con un poema que hablaba de un puerto escondido. Después supe que existe un lugar así en Chile, y amigos que viajaron por Europa me contaron que hay una isla que se llama así. Me pareció fantástico».
Pero hay una conexión más profunda:
«Está muy ligado al naufragio de la balsa de Sanguina. Creo que como seres humanos somos náufragos. Yo llegué a un buen puerto, y empecé a pensar que existen puertos que uno puede transformar y compartir».
Un puerto que es muchos puertos
Rula no llegó a Montecarlo por casualidad. Su historia incluye viajes, aprendizajes y experiencias transformadoras.
«Estuve un tiempo en Brasil, trabajando con músicos de la UNILA, con chicos con problemas de drogas, con dificultades motrices. Trabajábamos con psicopedagogos, psicólogos, psiquiatras. Aprendí mucho con ellos».
Esa experiencia marcó su visión:
«Podés poner su palabra en la guitarra, pero si no sirve comunitariamente, es obsoleto. Tocás bien la guitarra pero no decís nada. Yo también fui integrado y rechazado, como todos. Los viajes me fortalecieron para ver y crecer».
Un espacio que se fue dando, no que se planeó
«Esto no fue pensado. Se dio por la necesidad de los alumnos«, aclaró Rula. «Acá hay gente de 30 años y de 80. Me di cuenta de que vienen más que a estudiar música, vienen a charlar y a compartir«.
Y en ese compartir, suceden cosas maravillosas:
«Hemos rescatado a muchos chicos de las drogas, trabajamos con el SEDRONAR. Doy clases en los barrios con la municipalidad, y ahí también vi la falta que hay. Pero si todos subimos un eslabón, cambia todo».
Alemanes que donan, pinturerías que colaboran, un telescopio para mirar la luna
La comunidad comenzó a sumarse de manera espontánea.
«Vino una pareja de Alemania que me vio tocar en Iguazú, vinieron acá, vieron el espacio y donaron plata. Por eso pude comprar un equipo de sonido, pintura«. La pinturería MDM de Montecarlo también donó materiales. «Es maravilloso todo lo que está sucediendo«.
Un alumno llevó un telescopio con su papá, de Puerto Rico.
«Miramos toda la noche la luna llena. Gratis para todos. Ahora vamos a comprar un telescopio propio».
Un bote que se llama Violeta Parra
El Club de Pesca donó un bote.
«Lo estamos restaurando con los chicos, va a llevar el nombre de Violeta Parra, la gran música chilena. Muchos chicos nunca vieron un bote, preguntan qué es. Es una revolución linda, cultural, sentimental».
Los espacios: un homenaje permanente a la música
Rula guía un recorrido por los distintos ambientes, cada uno dedicado a un grande:
Bob Marley: «Lo descubrí a los 13 o 14 años. Cuando empecé a entender sus letras, comprendí el amor, la dignidad, la humanidad. Pintamos la habitación con colores que transmitan buena energía«.
Osvaldo Pugliese: el salón del tango, un homenaje al papá de Rula, que era tanguero.
Harvey Road: la entrada principal de Los Beatles, con frases de sus canciones.
Estación Charly García: «Clics Modernos«, el primer disco.
Salón Ramón Ayala: con todos los músicos de la región y del Paraguay.
Pasaje Don Chico: que da a la plaza de Alberto Spinetta.
Mural de Mercedes Sosa.
Plaza Johann Sebastian Bach: «Los chicos descubren que hay música clásica, yo soy fanático de Bach«.
Cantinho Tom Jobim: con todos los músicos de Brasil.
Barra Cerati: con fotos de Cerati y su barra de amigos.
Ravi Shankar: por la música hindú y la meditación.
Refugio Blue Hill Jazz: con Oscar Alemán.
Y todo fue pintado por los propios alumnos.
«Tengo un alumno de la Escuela Normal que es pintor, parece Van Gogh. En la misma escuela no saben lo que tienen. Acá encontraron la posibilidad de expresarse».
No es un bar, es un lugar de encuentro
Rula es enfático: «La idea no es ser un bar. No hay música fuerte, no es un boliche. Es un lugar para que la gente charle, se conozca«. Tiene Wi-Fi, pero el otro día nadie usó el celular. «Se conocieron padres que no se conocían«.
Hay un espacio de cocina brasileña a cargo de Church, un estudiante de Chef.
«Cada grupo elige el lugar donde quiere estar. Pero siempre con respeto, cuidando el espacio».
Vienen músicos de todas partes
«Mañana vienen músicos de Brasil a dar una clínica. Después traigo músicos de Asunción, del jazz, vienen escritores de Córdoba y Buenos Aires. Todo articulado con la municipalidad, para que sea una sola cosa».
Rula agradece especialmente el apoyo logístico y las ganas del municipio.
El 10 de marzo, homenaje a Pappo
«Vamos a hacer algo para el cumpleaños de Pappo, pero no un homenaje formal, sino pasarla bien. Mucho tiempo basta de pasarla mal. Tranquilo y en paz».
Un lugar que trasciende la música
El movilero, Claudio, resumió la experiencia:
«Detrás de la puerta de la casa de Rula hay una mística que va muchísimo más allá de la música. La música es apenas una excusa para una filosofía de vida. Este lugar sobrepasa lo artístico, es humano en el sentido más profundo».
Rula eligió Montecarlo
Rula pudo haberse quedado en Buenos Aires, donde tuvo pequeños papeles en televisión y estuvo ligado al ambiente artístico. Pero decidió volver. Y hoy, cuando se habla de Montecarlo en otras provincias o países, la gente se acuerda de Rula.
«Es un eslabón más en la cadena de músicos increíbles que tiene esta ciudad: Los Conquistadores, Nene Mesa, Fabián Mesa, Los Chery… Montecarlo tiene una vara muy alta, en música y en deporte. A veces no lo valoramos, pero es así».
📍 Puerto Escondido – Escuela de Música Atahualpa, sobre avenida Libertador, frente a la Iglesia Nuestra Señora de Fátima. Un lugar para conocer, para sentir, para compartir. Abierto a todos los que busquen un puerto donde atracar.
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