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«Dios está cerca, la cuestión es acercarse»

Padre Federico y el llamado a vivir una Semana Santa profunda en medio del bullicio

En el corazón del Miércoles Santo, cuando la Semana Santa ya está en pleno desarrollo y los fieles se preparan para conmemorar los misterios centrales de la fe cristiana, recibimos en los estudios de Radio El Pueblo al Padre Federico Leverberg, párroco de nuestra comunidad. En una charla cálida, profunda y llena de enseñanzas, el sacerdote compartió cómo vive esta semana desde su rol pastoral, reflexionó sobre el sentido del sufrimiento, la tentación del abandono de Dios y la importancia de hacer silencio para escuchar la voz del Señor.

Con la experiencia de quien ha atravesado realidades parroquiales diversas y la humildad de quien se reconoce como «un ciudadano más», el padre Federico invitó a todos, católicos y no católicos, a aprovechar este tiempo de gracia y a hacer de estos días feriados una verdadera experiencia de encuentro con Dios.

Cómo vive un sacerdote la Semana Santa: preparación espiritual y organización comunitaria

«La semana es la más santa de las semanas. Se viven los misterios de una manera mucho más profunda» comenzó el padre Federico.

Y explicó las dos dimensiones de su vivencia:

«Nos venimos hace 40 días preparando para este momento espiritualmente. Como pastor, toca dar ese alimento para que las almas puedan meditar, trabajar, ir preparando este tiempo tan especial que se vive en comunidad».

Pero también hay una dimensión práctica.

«Ese ‘todo’ implica también mucha organización parroquial. El Domingo de Ramos, el inicio de la Semana Santa, llevó una preparación técnica importante. Todos, de algún modo, somos parte de lo que se celebra. Toda la comunidad está en movimiento».

La celebración en la plaza: una necesidad que se hizo tradición

El padre Federico contó una anécdota que explica por qué hoy la bendición de Ramos se realiza en la plaza.

«El primer año que vine acá, hicimos la bendición de Ramos en la paloma y después fuimos al templo. No entrábamos. Absolutamente no entrábamos. Tuvimos que adaptar al año siguiente porque no entrábamos realmente en el templo».

La solución fue salir al espacio público.

«Hicimos la adaptación para poder celebrar en la plaza, por una cuestión de espacio, pero también para que todos puedan participar activamente. Si quedan afuera del templo, uno se desanima. No es lo mismo que estar todos juntos compartiendo un espacio».

Y destacó el valor de la manifestación pública de la fe:

«En comunidad éramos muchísimos, caminando por las calles, manifestando nuestra fe. Que Cristo vive, que la fe es algo vivo. Muchos están queriendo vivirla y ayudándose mutuamente».

El trabajo en equipo: «Yo puse esa silla, yo me siento parte»

El padre Federico se emocionó al describir el trabajo comunitario detrás de la celebración.

«Desde las cinco o seis de la mañana estábamos acomodando todo. Moni desde días antes ya preparaba el escenario. Cada uno hizo lo que tenía que hacer. Y me gusta mucho ver que las personas se sumen y se sientan parte. ‘Yo puse esa silla’, ‘yo traje la camioneta para traer las sillas’. Entonces, yo me siento parte de lo que sucede, hago que las cosas pasen».

Y agregó:

«Ver que juntos se pueden hacer cosas que solo no se pueden. A mí me alegra mucho eso. Las cosas de Dios hacen que las personas también se unan, formen equipo. A las 5, 6, 7 de la mañana, ver que están tomando mate, comparten entre las familias, traen las sillas, y eso genera un ambiente. Se habla de la fe. Eso hace la comunidad. Y Dios, que es Padre, no solamente hace comunidad, sino familia. Yo estaba feliz ese día».

La fe no nos priva del sufrimiento, pero le da sentido

Uno de los pasajes más profundos de la entrevista fue cuando el padre Federico abordó la relación entre fe y dolor.

«Tener fe no significa que nada nos va a pasar, que todo va a ir como un relojito. Lo que nos pase no nos puede hacer bajar la fe. Los que vivimos pérdidas fuertes, muy fuertes, lo primero que hacemos es querernos enojar con Dios. Es casi natural del ser humano. Le queremos echar la culpa a Dios».

Pero explicó que el mismo Jesús vivió esa tensión.

«El Señor estuvo triste, una tristeza de muerte. En el Getsemaní sudó sangre. Está estudiado científicamente: la sudoración de sangre es por la ruptura de los vasos capilares ante una tensión y un estrés muy grande. El estrés del Señor fue Él, siendo Dios de la vida, viendo que los mismos que ama lo iban a matar. La mayor de las injusticias».

Y ahí aparece la clave:

«Padre, si fuese por mí que pase este cáliz, pero que no sea mi voluntad sino la tuya. Ante el sufrimiento, me doy cuenta que tengo que iluminar con la fe. Padre, vos tenés el control. Si este es el camino que elegiste para mí, yo sé que en su momento voy a comprender que es el mejor. La fe nos lleva a abrazar el camino sabiendo que hay un Padre bueno que, en medio del sufrimiento, nos hace ver que Él está con nosotros».

La tentación de abandonar a Dios: la imagen del demonio en «La Pasión»

El padre Federico recurrió a una imagen cinematográfica para explicar cómo opera la tentación.

«En la película ‘La Pasión de Cristo’, cuando están flagelando a Jesús, aparece el demonio con un bebé feo en los brazos. Muchos no entienden esa imagen. El demonio le dice a Jesús: ‘¿Ves cómo te trata tu padre? Mira cómo yo trato a mis hijos’. Es la tentación de decir: enójate con Dios, revelate, desobedecelo».

Y aplicó esa enseñanza a nuestra vida cotidiana:

«La tentación nos lleva a desconfiar de Dios. El pecado es una desobediencia, es decirle a Dios: ‘Vos te equivocaste, yo sé cómo son las cosas’. En cambio, Jesús permaneció porque sabía que estaba haciendo la voluntad del Padre, y que el Padre en su momento iba a dar la gran victoria: la resurrección».

La oración: hablar con Dios, incluso del enojo

Consultado sobre cómo orar cuando estamos dolidos, el padre Federico fue muy claro.

«La oración está para hablar con Dios de esas cosas, no para ocultarse. Decirle: ‘Señor, estoy bravísimo, estoy enojado, no puedo comprender, no aguanto, estoy cansado, estoy agotado’. Está bien decirle eso. Decirle: ‘Dame una mano, dame tu luz, que esto no me aleje de ti, que no sea un motivo para alejarme’. Porque ahí está la tentación».

Y agregó:

«Mi relación con Dios es lo que yo tengo el deber de cuidar. Después si otro cuida o no cuida, no me interesa. Después si me pasa algo o no me pasa nada, yo sé que tengo un Dios que me cuida y me ama».

Un mensaje para la comunidad: hacer silencio y aprovechar el tiempo

Antes de despedirse, el padre Federico dejó un mensaje contundente para estos días.

«Lo principal es poder vivir estos días de manera especial. Ya tienen un nombre especial: Semana Santa. Tener hábitos santos, hábitos que consideramos necesarios para escuchar un poco más la voz de Dios. A veces nos cuesta hacer silencio. Tenemos el celular, la música, esto y lo otro, y nos cuesta encontrarnos con nosotros mismos, tal vez por el miedo a lo que vamos a encontrar en el propio corazón».

Y aprovechó para destacar la oportunidad que representan los feriados.

«Mañana es feriado, el viernes es feriado, el sábado es feriado religioso. Tomémoslo como una providencia de Dios: ‘Este año les doy un feriado más para rezar un poco más’. La cuestión es no llenarse de actividades. A veces nos preguntamos ‘¿dónde está Dios?’, pero a veces Dios nos pregunta: ‘¿Dónde está tu corazón? ¿Dónde estás parado? Te estoy dando ese tiempo para que vengas conmigo, no huyas, sino que estés conmigo’».

«Dios se alegra con nuestra presencia. No es un Dios que nos impone estar con Él, sino que cuando nosotros nos acercamos, se alegra, como un amigo».

Sobre la guerra y el mal: el misterio de la libertad humana

Un oyente planteó el tema de la guerra y las muertes de inocentes. El padre Federico respondió con profundidad.

«Dios no es la fuente del mal. La fuente del mal es la libertad del hombre, que en su ambición, al no escuchar a Dios y escucharse a sí mismo, desconoce al otro, ya no como un igual sino como un obstáculo. La deshumanización tiene la fuente en el propio corazón del hombre».

Y explicó cuál es el rol de la oración en este contexto:

«Pedimos a Dios e intercedemos para que los hombres abran su corazón. Que acepten dejar de desconocer al otro como un obstáculo, y lo vean como un igual con quien poder convivir. Así como nosotros somos frutos de la intercesión de alguien, alguien rezó para que nuestro corazón sea blando, para que podamos responder».

Cierre: un padre que espera

«Dios está cerca. La cuestión es acercarse», resumió el padre Federico. «Aprovechemos este tiempo. Quien aproveche va a sacar mucho fruto. Estoy segurísimo de eso. Y si no, le devolvemos el dinero»

dijo entre risas.

«Que Dios bendiga este medio de comunicación y a cada uno de ustedes. Que tengan una muy santa y feliz Semana Santa».

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